Hay películas que se disfrutan mientras duran y se evaporan poco después de los créditos finales. EL BOTÍN (2026) pertenece claramente a esa categoría. No es un mal thriller, ni mucho menos, pero tampoco es ese golpe sobre la mesa que su reparto y su premisa parecían prometer. Joe Carnahan vuelve al terreno del cine policiaco con una historia de corrupción, lealtades frágiles y decisiones morales cuestionables, pero lo hace con el freno de mano puesto, sin terminar de lanzarse al abismo que su propio planteamiento sugiere.
La confianza de un grupo de policías de Miami comienza a resquebrajarse después de descubrir millones de dólares en efectivo en un escondite abandonado. A medida que fuerzas externas se enteran del tamaño de la incautación, todo se pone en duda, incluso en quién pueden confiar.


